PROPORCIÓN AUREA:
LO PEQUEÑO ES A LO GRANDE COMO LO GRANDE ES A LO TODO…
Por: Andrea Jocelyn García
Corría el año de 1994 cuando la banda de rock mexicana Café Tacvba
integrada por Rubén Albarrán (voz), Emmanuel del Real (teclados), y
los hermanos Rangel, Joselo y Enrique (bajo y guitarra), daban a
conocer su siguiente obra maestra. Al inicio, las críticas
destructivas, se hicieron presentes puesto que, no tiene
absoluta relación con su debut homónimo. Éste, fue un disco
sorpresivo lleno de mestizaje y contrastes, corriendo de uno a
todo en los géneros musicales humanamente vinculables.
A diferencia de Café Tacvba, 1992, lo podemos considerar un disco
complementario a su repertorio musical. Como todo lo bueno dentro
de los paisajes sonoros del rock latinoamericano, estuvo a cargo
de el productor, músico y compositor argentino Gustavo Santaolalla, que, de la mano, les ayudó a crear un relieve sinigual, tanto que por la aclamada revista Rolling Stones, es considerado uno de los 10 mejores discos latinos de la historia.
“Re es el equivalente de The White Album en el Rock en español…”
Jon Pareles (The New York Times)
Dos años de maduración y los novatos tacvbos, lograr erradicar el termino art brut que solía describirlos, y la innovación llegó a entitar lo que México ya necesitaba en un álbum. El Re, cuenta con 20 temas que se resume a una hora initerrumpida de música de todos los altiplanos de la Repúbica. Un assemblage sonoro que cuenta con grunge, rock, metal industrial, bossanova, bolero, reggae, ska, mambo… una mezcla tan homogena que hasta parece matizada.
Al colocar el primer track el sonido de la jarana en El Aparato, logra bruñir tu oído, una pieza que juega de manera singular con nuestras raíces y con tintes psicodélicos que se explorarán en las diecinueve pistas restantes. La Ingrata, parece revivirte, después del viaje tan colorido por el haz atravesado, y el ritmo de esta buena polka te hace salir brincando de donde sea que te encuentres. Y la primera colaboración entre dos letristas se hace presente, Rubén Albarrán y Emmanuel del Real, hacen su aparición en El Ciclón, canción en donde te hacen entender el universo multicolor del que ya eres parte. El Borrego, cincela nuestros sentidos con un disparadísimo metal industrial y líricas con las que muchos logramos identificarnos dentro de la ironía de la filiación entre diversas corrientes ideológicas. En un contrapunto que logra devastar por completo el ritmo tan alto con el que ya contábamos llega, Esa Noche, bolero delicado y armonioso, dedicado a la cantante Chavela Vargas. Un canto al amor se hace presente como una esterotomía rítmica, y viene a la luz 24 Horas.
Ixtepec, es su canción homenaje a la novela de Garro en donde se un delicioso arreglo de cuerdas comparte tiempo con los ya muy sonados sintetizadores. En Trópico de Cáncer, revivimos en formato de diálogo sobre las bondades de las petroléras en nuestro país. Una divertidísima composición musical llena de un fresco inimaginable es expuesto en El Metro. Llegando el décimo track, una experiencia hedonista acompañada de diversos instrumentos de viento aparece El Fin de la Infancia.
La canción más corta de álbum con un minuto y ocho segundos, una oda a nuestra capital, Madrugal, que como si fuesen un clásico trío logra abrirle paso a dos canciones que tienen como objetivo contar una misma historia, Pez y Verde, el primero con cantos folclóricos y el segundo con una ausencia de luz tan profunda que logras enloquecer. Otro momento literario renace en la maravillosa fábula de La Negrita que ha diferencia de El Tlatoani Del Barrio cuenta una historia con ritmos muy diferentes, éste último logra hibridar un pintoresco punk con el rap. De ahí, una canción poco trascendente, La Pinta, da el gran paso para que nazca el maravilloso y muy conocido: ¡Papapapareureo! Que se repite al momento de entonar El Baile y El Salón, canción por la que miles de bandas intentarían aspirar. El trazo final nos llega con el legendario El Puñal y El Corazón que logra mezclar tan uniforme el bossa y el mambo con metales que incendia cualquier pista de baile. Y como ligero sfumato, tenemos un guiño hacía los clubes de jazz con El Balcón, como cherry on top para concluir con una hora de deliciosos contrastes y magníficos paisajes sonoros.
Cada una de estas obras pone rigurosa atención en lo que quieren transmitir, haciendo de los instrumentos ocasionales, lo que hace que se te erice la piel para darte a conocer esta obra maestra y al comprender el amplio concepto completo sobre lo circular, este álbum logra sin dudad su cometido: que cualquiera que lo escuche caiga en este vicio maravilloso y le vuelva a dar play.

